domingo, 24 de julio de 2011

Harry Potter las reliquias de la muerte parte 2

Es el fin. En pantalla todas las piezas parecen encajar y se desplegan en el tablero que durante los últimos 10 años, 8 películas, millones de fans, y nada más y nada menos que 4 directores distintos (Chris Columbus, Alfonso Cuarón, Mike Newell y David Yates), se ha montado para hacer carne la prosa de J. K. Rowling.
Ha sido un camino largo y tortuoso, lleno de altibajos. Las películas, que nos cuentan las aventuras del joven mago Potter y sus dos inseparables amigos, Ron Weasley y Hermione Granger, han ondeado entre el cine familiar e infantil más ortodoxo (La piedra filosofal, 2001, era ejemplo de ello) hacía la oscuridad, efectos y falta de humor que han marcado las últimas obras, especialmente este último acto.
Lo que se vendía como la gran batalla final, el último gran enfrentamiento, las dos fuerzas del universo mágico enfrentadas entre sí en una guerra sin cuartel, se ha quedado en un final más bien descafeinado, ausente de buen ritmo, repleto de chachara insustancial, carente de magia en las varitas. ¿Pero qué es lo que ha pasado?
La cinta, muy oscura y con pocos exteriores en relación con la batalla que se esperaba, intenta cerrar el círculo sobre todas las tramas abiertas hasta el momento y no rematadas, que cortan el ritmo pero te desvelan ciertas verdades que debían contarse. Totalmente atenazada por cada palabra del libro, el argumento se desarrolla empezando con un comienzo cortado a cuchillo en relación a la primera parte, que puede ser imperdonable para los amantes del buen cine, pero no para los fans de las novelas, a los que enamora el pie de la letra con que los directores han tratado el universo de Hogwarts.
Y aunque los actores, los efectos y toda la carne que David Yates ha puesto en el asador, la historia se enfria y apaga, calienta y caldea con un ritmo casi tan extraño como Luna, esa rubia amiga de Potter que parecía que iba a ganar peso en la historia y al final se disuelve con el resto.
Y la traca final, con todo el colegio semi destruido y los fans con un nudo marinero en la garganta, cae sobre los personajes sin fiesta ni alivio. Parece que la muerte de Voldemort no ha sido nada, todos continúan con la misma cara de angustia, y resulta demasiado extraño. La pirotecnia ha sido demasiado pequeña, los hechizos (salvando los de los profesores), no han cambiado desde hace varias películas y resultan desprovechadas todas las posibles historias y maravillosas secuencias que de ahí podrían haber nacido.
Al final los horrocruxes solo han sido etapas que quemar, y la preciosa historia sobre las reliquias de la muerte, La fábula de los tres hermanos que se encuentra en Los cuentos de Beedle el bardo, queda adormecida y sin exclarecer del todo, sobre todo en relación con la capa de invisibilidad de Potter.
Es posible que las aventuras del mago nos hayan devuelto la esperanza en el cine de aventuras, amable y familiar, pero sabiendo que es la saga cinematográfica con mayor recaudación de la historia, me gustaría que me hubiese ofrecido algo más. Quiero espectáculo, quiero empatía. Quiero sentir que realmente Snake estaba fatalmente enamorado y condenado a ser guardian de alguien que había heredado los ojos de su amada. Quiero llorar, y reír, disfrutar sintiendo los trepidantes peligros y traiciones que sufren los protagonistas. Quiero ser una Goonie... no una Potter.

La mejor pelicula sin duda alguna.

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